El Taller de Krapp

A primera hora del vespre, en el futur.


Monólogo final

(El escenario está vacío. Un único foco. El cómico entra despacio, como si volviera a un lugar que ya no le pertenece.)

¿Sabes qué es lo más curioso de esta noche?
Que ahí fuera, en la calle, todavía creen que sigo hablando.
Que sigo siendo el tipo que se sube a un escenario para contar cómo se fabrica una mentira.
Y sin embargo… aquí dentro ya no queda nadie.
Ni aplausos, ni comunidad, ni esa sensación de que juntos podíamos romper la lógica del miedo.
Solo quedo yo.
Y el eco.

(Mira hacia las butacas vacías.)

Durante una hora hemos levantado un pequeño país:
un país donde la verdad se podía decir en voz alta,
donde la gente se miraba a los ojos,
donde la mentira quedaba desnuda, torpe, ridícula.
Un país que solo existe mientras dura la función.
Después… después vuelve el mundo real.
El mundo donde el método ya está inventado:
primero la mentira,
luego el miedo.
Funciona siempre.
Da igual a quién le toque.
Hoy he sido yo; ayer fue otra; mañana seréis cualquiera de vosotros.

(Se acerca al atril. Deja una hoja doblada.)

Me gustaría decir que no tengo miedo.
Que la verdad me sostiene, que la razón me protege,
que la comunidad que hoy nació aquí fuera me acompañará mañana.
Pero sería otra mentira.
Y ya hemos tenido suficientes.

(Respira hondo.)

He recibido mensajes.
He visto nombres que no deberían estar ahí.
Gente que vino a escuchar, a reír, a pensar…
y que ahora aparece en listas que no han pedido.
Porque así funciona esto:
primero te inventan un delito,
luego te señalan,
y después aparecen los de siempre,
los que se autoproclaman guardianes de la patria,
los que se organizan en grupos,
los que esperan en las esquinas de los teatros
para “dar un susto” en nombre de una mentira.

(Pausa.)

Y mientras tanto, las instituciones miran hacia otro lado.
O se entretienen infiltrando a ecologistas,
no vaya a ser que desplieguen una pancarta.
La seguridad de un cómico, de un ciudadano, de cualquiera…
eso ya si eso, para otro día.

(Toma la hoja. La despliega. La lee.)

“Retiro mis afirmaciones.
Lamento profundamente el daño causado.
Pido disculpas a quienes se hayan sentido atacados.”

(Silencio. Baja la hoja.)

Ya está.
La retractación.
Mi abjuración.
Mi pequeño Eppur si muove tragado antes de nacer.
No porque la mentira tenga razón,
sino porque la mentira tiene manos,
y esas manos golpean.
Y yo… yo solo tengo palabras.
Y esta noche, las palabras no bastan.

(Se sienta en el borde del escenario.)

No os engañéis: no he cambiado de idea.
Solo he cambiado de estrategia.
La verdad no desaparece porque uno la niegue.
La verdad es paciente.
La mentira, en cambio, tiene prisa.
Necesita ruido, necesita sangre, necesita enemigos.
Y yo no pienso darle ninguno.
No quiero ser mártir de nada.
Nadie quiere.
El miedo es poderoso.
Y ellos lo saben.

(Mira al público que ya no está.)

Quizá algún día pueda volver a decir lo que hoy he tenido que callar.
Quizá cuando el miedo no sea una frontera,
cuando la risa no sea un riesgo,
cuando la verdad no sea un deporte extremo.
Quizá entonces.

(Se levanta. Apaga el micrófono.)

Por ahora…
sobrevivo.
Y guardo la verdad en un lugar donde ellos no pueden entrar.
Aquí.
(Se toca el pecho.)
Y aquí.
(Señala el escenario.)

Porque aunque me retracte…
aunque firme lo que quieran…
aunque calle…
la mentira no ha ganado.
Solo ha conseguido que espere.
Y yo sé esperar.

(Sale del escenario. El foco se apaga lentamente.)



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